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Field Note

Día ciento nueve

Centro Médico Nacional Siglo XXI

Esto se escribe aquí. Sentadas. Esperando.

El cáncer no entra tocando la puerta. Se mete en el cuerpo, en la agenda, en la paciencia. Primero atonta. Luego manda.

¿Cómo se siente cuando entra? Como si el mundo bajara de volumen.

¿Cómo lo atontamos nosotras? Con rutina. Con compras. Con humor negro. Con seguir viniendo aunque duela.


¿Y qué chingados le dices a un niño de dos años que tiene cáncer?

No le explicas la palabra. Le explicas el juego. La aguja se vuelve nave. La cama, pista de despegue. El hospital, un lugar que todavía puede cruzarse imaginando.

La creatividad no cura. Pero a veces rescata del miedo.


¿Y cómo tranquilizas a una señora con familia cuando la vida, en vez de aflojar, aprieta? ¿Cómo le prestas calma cuando la suya ya no alcanza?


Aquí también se lee el cáncer en la ropa. En el outfit de cada quien.

Los que traen algo para que los glúteos no se congelen ya tienen kilometraje. Aprendieron que esperar en una silla de metal no es metáfora. Los nuevos venimos ligeros. Los viejos vienen preparados: chamarras gruesas, gorros, cojines, rollos de papel. Pequeños kits de supervivencia.

No es exageración. Es experiencia.


Van tres campanas en estas tres horas. Dos camillas de emergencia. Tres niños pacientes. Y aquí seguimos. Sentadas. Esperando.

El cáncer también se mide así. En capas de ropa. En horas sobre metal frío. En cuerpos aprendiendo a resistir antes de que pronuncien su nombre.


Aquí también existen los días que no cuentan. No porque no hayan pasado cosas. Sino porque el sistema decidió que hoy no era el día.

Faltó un medicamento. Una firma. Un trámite. Una autorización.

Entonces uno recoge sus cosas. Sale del hospital. Y entiende que mañana habrá que volver para intentar vivir el mismo día otra vez.

Pau

Día ciento nueve — Paulina Henkel