Desde Todos Santos me lanzo al azul. Quince kilómetros me esperan desnudos. Entre espuma y deseo. Camino a Ensenada.
Cada brazada me acerca. Me arde. Me llama.
Busco intangibilizar emociones sin miedo. Soltar cada sombra. Fluir con el juego.
Sé que los struggles me rozan la piel. Pero darles la vuelta también es un beso que estoy dispuesta a dar.
Mi cuerpo. Mi mente. Mi alma. Los tres lo saben.
Este encuentro es una meditación donde nada me frena. Pero yo decido cuánto tiempo dura.
No busco un beso largo. Busco un beso intenso. Uno que me abrace. Que me saque de la tierra. Y me deposite en ese azul profundo.
Me emociona la idea de estar, once again, face to face with the blue deep.
En el próximo chapter sé que voy a romperme. Y también sé que voy a transformarme.
Claridad. Dirección. Libertad. Eso fue lo que desarrollé durante esta programación.
Soy atleta semiprofesional. O wannabe atleta. Llámalo como quieras.
Pero llevar las métricas de mi cuerpo despierta mi curiosidad. El autoconocimiento me produce placer. En cualquier aspecto.
Tener un propósito. Tener retos. Eso me da coherencia.
Me gusta pensar que mi alma es vieja. Y quizá por eso el presente me llama tanto.
Nadar sin wetsuit para mí es perderme en el mar de la forma más orgánica y auténtica. Confiar en mi cuerpo como refugio. Como verdad. Sin expectativas ajenas. Sin la mirada de la sociedad.
Solo con el deseo intacto que tengo desde niña. Poder ser sirena. Aunque sea por un día.
Pau